Conocí los Ekekos al mudarme a Buenos Aires en 1979.
Por aquellos tiempos, en el boulevard de la Avenida Santa Fe en Plaza Italia (Palermo, Buenos Aires) había una feria los fines de semana a la que llamábamos “Feria Hippie”. Era un anexo a la “Feria del libro” cuyos puestos eran permanentes. Allí los puesteros tenían cosas maravillosas: instrumentos musicales vendidos por su propio luthier, cuadros de vehículos construidos con piezas de relojería, adornitos, velas y los “novedosos” sahumerios, textiles, cuchillos. Todo de una calidad superlativa. Entre esos puestos había uno que vendía objetos de culto, santos, estampitas, vírgenes y otros objetos de devociones populares, entre ellos los Ekekos.
El año pasado tuvimos la fortuna de viajar a Jujuy y vi la oportunidad de traerme uno a casa. Un solo lugar los vendía y nos trajimos a Quique (así lo bautizamos).
La vendedora me advirtió: – Esto no es joda eh! Si no le prendés un cigarrillo, todo lo que te dio te lo quita. Hay que prenderle un pucho una vez por semana. Le pregunté si los viernes por la noche estaba bien y asintió. Así que desde entonces todos los viernes son “Viernes de Quique”.
El Ekeko es una deidad aymara que representa la abundancia, la fertilidad y la suerte. Es un amuleto que se cree atrae la prosperidad y la riqueza.
El Ekeko
Es un hombre rechoncho, sonriente y con bigote. Suele vestir ropas andinas. Carga comida, utensilios domésticos y dinero. Cuanto más cargado esté el Ekeko mayor será la promesa de riqueza para su dueño.
El Ekeko es un ser generoso que recompensa la fe y la gratitud de quienes lo veneran con prosperidad y bienestar. Se le tributa ofrendas de cigarrillos.
Así que cada viernes se le pone un pucho, religiosamente.

